Boda de Lorena y Christophe

La luz dura de mediodía no es un problema, es un recurso. En una casa antigua, con ventanas de madera y sin visillos, a esa hora entra una luz blanca que en una foto de móvil sale fatal. Colocando a la novia de lado a la ventana, esa misma dureza se convierte en un modelado que ningún foco imita. Si os preparáis en una casa así, no cerréis las contraventanas: mirad de qué lado entra y sentaos ahí.

No hace falta que los preparativos estén ordenados. Esta mañana no lo estuvo: entraba gente, salía gente, alguien llegó con el vestido todavía en la funda y medio salón se giró a mirarlo. Lo que muchas parejas piden —despejar la habitación, que no se vea el desorden— es justo lo que vacía las fotos. La casa llena de gente es la boda; la habitación recogida no es nada.

Reservad tiempo, no poses. Cuando una familia se comporta con naturalidad delante de la cámara, el trabajo no es dirigir: es no estorbar y estar en el sitio correcto. Eso pide margen en el horario, no indicaciones.


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